
Llorar a tiempo y recordar con calma
A veces el duelo se llena de exigencias: “sé fuerte”, “ya pasó”, “no llores más”.
2
Minutos de lectura
El duelo no se acelera con frases ni se alivia con silencios impuestos. Sanar requiere tiempo, honestidad y ternura con uno mismo.
Sentir sin prisa es darte permiso de vivir cada emoción cuando llega, aunque no sea cómoda, aunque no sepas cómo explicarla. El dolor necesita espacio, no soluciones rápidas. A su propio ritmo, también empieza a transformarse.
Llorar sin culpa es reconocer que las lágrimas no son debilidad, sino una forma de liberar y comprender lo que se ama. Llorar es dejar que el cuerpo diga lo que las palabras no alcanzan.
Recordar sin miedo es entender que el recuerdo no duele por sí mismo, sino por la resistencia a mirarlo. Con el tiempo, la memoria se vuelve más suave: deja de herir y empieza a acompañar. Recordar puede ser una forma de agradecer.
Cada persona atraviesa el duelo a su manera. No hay fórmulas ni atajos, solo el paso lento pero constante de quien decide no huir de lo que siente. Y en ese proceso, paso a paso, se comprende algo esencial: que el amor no termina, solo cambia de forma.
Pedir ayuda, hablar de lo que duele o aceptar el acompañamiento de otras personas también forma parte del camino. El duelo no tiene tiempos fijos ni una sola manera de vivirse. Pero sí puede ser un proceso acompañado, respetuoso y humano.
Te mereces un duelo que te permita sanar, recordar con amor y seguir adelante con paz.



¿Necesitas asistencia?
Iniciar chat
24 / 7 Siempre